La ceremonia maya de la región altos, del estado de Chiapas, tiene un sentido profundo de la renovación y el agradecimiento a la Chu’ul Jmetik Lum K’inal (sagrada madre tierra, en la lengua indígena tseltal) como dadora y proveedora de vida y de alimentos, como es llamada entre las y los indígenas mayas-tseltales de la zona altos de Chiapas.
En Sueniños se realizó esta ceremonia para agradecer por un ciclo que termina y un ciclo que comienza. El Syomel Jbatik’ (que significa la reunión, juntarnos todos y todas con nuestra energía positiva, reunirnos en un buen acuerdo) es la ceremonia especial para la apertura y el cierre de ciclos que tiene como especial importancia el AGRADECIMIENTO. En la cosmovisión de las culturas indígenas toda acción se realiza en común o en familia donde el círculo, como altar, significa la continuidad infinita. La ayuda mutua, el trabajo, la fiesta, la asamblea, los acuerdos, la tradición oral se relacionan con Chu’ul Jmetik Lum K’inal (sagrada madre tierra).

“Por eso hoy estamos convocados todos hombres y mujeres como familias verdaderas en este espacio de Sueniños, para celebrar juntos esta ceremonia maya teniendo presente las enseñanzas, sabiduría y sus energías positivas de nuestros ancestros, abuelas, abuelos, padres, madres, hermanos y hermanas que han participado de esta vida”; dijo el señor y principal Antonio Méndez quien presidió la ceremonia. Un principal, en la cultura maya, es quién tiene la autoridad de llevar una ceremonia sagrada por ser uno de los mayores (hombres y mujeres más grandes y con mayor sabiduría).
Martha Gómez, mujer principal, acompañó la ceremonia con el incienso, el cual envolvía con su aroma nuestros cuerpos. El humo del incienso guía las peticiones en la oración, es el medio por el cual se elevan, se llevan; y así es como se purifica nuestras almas. El altar también se compone de 39 velas (grandes, medianas y chicas), flores, frutas de la región, agua, un puño de tierra y se acompaña con música tradicional.

Se agradece a los cuatro puntos cardinales representados en el círculo del altar. Cada uno de estos puntos los simboliza un color: el color rojo para el lado oriente, que representa el nuevo renacimiento de la vida; el negro para el lado poniente, que representa la oscuridad, la muerte, el descanso, el silencio, la revelación del sueño; el color blanco para el lado norte que representa los huesos y la sabiduría de nuestros ancestros; y por último el color amarillo para el lado sur que representa la esperanza.
Todas y todos los colaboradores, voluntarios, coordinadores y directivos de Sueniños agradecimos por el nuevo ciclo que comienza.

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